
Al viejo, la vida le encorvó sobre la barra, y esta, le proporcionó la sabiduría necesaria para domesticar al tabernero.
Se sonríe amargamente bajo los mostachos canosos y amarillentos de nicotina.
Saco paupérrimo de huesos y recuerdos crueles. Nieblas alcohólicas perennes son un bálsamo de amnesia y envuelven su mente.
Endémica querencia de olvido, necesidad perentoria de entregarse al Leteo griego y perder la memoria de sus pasos pretéritos.
Había sido y es un hombre mediocre. Ante tal certeza ya no siente nada; curado en el alcohol ha olvidado que toda su vida había dado con tierra en el mismo lugar.